El termalismo
un ejemplo necesario para mitigar los efectos del cambio climático

Por Rodrigo Castro Rebolledo. MD Especialista en Medicina Física y Rehabilitación. Formación en Hidrología Médica.

Hotel Termales El Batán. Cuitiva (Colombia)

Cada vez es más evidente. Poco a poco y a pesar de que muchos de nosotros no queremos ver, se nos va descorriendo el velo de los ojos con respecto a lo que ocurre con el clima. Las cifras son cada vez más desalentadoras. Con la actual pandemia que aún no termina, hubo un atisbo de esperanza al respecto de que todo iba a cambiar.

Durante el confinamiento miles de especies que merodeaban las ciudades de manera agazapada, salieron de sus escondites y poco a poco comenzaron a caminar por calles y veredas, ante la mirada escondida y perpleja de quienes antes nos considerábamos los amos y señores y que a causa de un organismo de apenas unos 120 nanómetros, tuvimos que quedarnos encerrados ante la amenaza de un contagio inminente. Fueron pocos días de encierro total, el mundo se ralentizó, pero los cielos se aclararon, los océanos también, los animales volvieron y lo mejor de todo, con esto llegó la esperanza. Las redes sociales, los periódicos, las revistas y los documentales científicos registraron el hecho. Fue un momento de un optimismo explosivo que al mismo tiempo traía un mensaje poderoso, en el cual como especie nos vemos obligados a cambiar nuestro estilo de vida, nuestra forma de aproximarnos a la naturaleza.
Han pasado varios meses desde que el confinamiento generalizado terminó y apreciamos con sorpresa que a pesar de todo lo ocurrido, no aprendimos la lección. La ONU hace pocos días advirtió que la crisis climática tras la pandemia se aceleró, a pesar de todas las evidencias que pudieron llevar a nuestras sociedades a cambiar el rumbo. El precio económico que esto implica no motiva a los gobernantes a dar un paso significativo. Durante unos pocos días el retorno momentáneo de tantos animales durante el confinamiento nos puso de frente con el hecho de que nos enfrentamos a la sexta extinción en masa de especies en nuestro planeta, producto de nuestro estilo de vida moderno (1). Científicos de La universidad Nacional Autónoma de México en 2017 han alertado que: “Las extinciones de especies son obviamente muy importantes a largo plazo, porque tales pérdidas son irreversibles y pueden tener efectos profundos que van desde el agotamiento de los recursos estéticos e inspiradores de la Tierra, hasta el deterioro de la función y los servicios de los ecosistemas” (2).
Se habla ya de puntos de inflexión, de no retorno. Cada vez se hace más evidente que muy pronto sobrepasaremos la cifra de 1,5 grados centígrados, como el límite que no podemos superar por encima de la temperatura que teníamos en el planeta en la era pre industrial. Las advertencias son muchas y poco a poco, las alarmas que venían sonando desde hace décadas están mostrando con mayor contundencia que nuestra sociedad debe alejarse más de las conveniencias políticas y hacer más caso a lo que dicen los científicos. Se genera un concepto que el filósofo Philipp Blom sostiene en el libro “Lo que está en juego”, el no futuro. Dice Blom: “los países ricos y democráticos, los grandes poderes económicos, el G7 o el G8, los colonialistas de antaño y los centros industriales han ido deslizándose hacia una época reaccionaria. Su sentimiento más bello es la nostalgia. No quieren un futuro. El futuro es sinónimo de transformaciones, y las transformaciones significan empeoramiento, migraciones de millones de personas, cambio climático, sistemas sociales que se colapsan, costes reventados, bombas en clubs nocturnos, arrecifes coralinos que pierden su color, extinción masiva de especies, antibióticos que no funcionan, superpoblación, islamización, guerras civiles. Hay que evitar el futuro. En el mundo rico, la gente solo quiere que el presente no cambie nunca” (3).

Salud Planetaria, un concepto en evolución

Nuestro planeta se consolida entonces como un organismo vivo, por lo que el concepto de salud debe dejar de ser un privilegio solo destinado a los humanos. Por tal razón se plantea el concepto de salud planetaria la cual se ha definido como: “el logro del más alto nivel posible de salud, bienestar y equidad en todo el mundo a través de una atención juiciosa a los sistemas humanos – políticos, económicos y sociales – que dan forma al futuro de la humanidad y los sistemas naturales de la Tierra que definen los límites ambientales seguros dentro de los cuales la humanidad puede florecer. En pocas palabras, la salud planetaria es la salud de la civilización humana y el estado de los sistemas naturales de los que depende” (4).

Cabal@www.hotelcasacolonial


Este concepto de salud planetaria está íntimamente ligado al de bienestar. Halbert Dunn, quien es considerado como el padre del concepto del bienestar de alto nivel, había subrayado que dicho bienestar se basaba en la salud de los sistemas naturales de la tierra (5). Para Dunn el bienestar de alto nivel es en sí mismo una forma de vida, un estilo de vida que involucra un sentido de propósito y significado, uno que maximiza las probabilidades de alcanzar el mayor potencial. Es decir, en su forma más simple el bienestar de alto nivel equivale a la vitalidad, en donde los seres humanos pueden experimentar los rangos superiores de bienestar cuando hay una sensación de ‘entusiasmo por la vida’, abundante energía, un cosquilleo de vitalidad y una sensación de ‘estar vivo hasta la punta de los dedos’.

El termalismo como una forma de acercarse al
mejoramiento de la salud planetaria

El termalismo y los centros termales, por su filosofía, por su estructura y por su ubicación se convierten entonces en opciones viables y novedosas que permiten transformar no solo los estilos de vida individuales, sino convertirse en centros divulgadores de los conceptos que enmarca la salud planetaria, que inciden de manera directa sobre la salud colectiva de miles de personas. Tenemos que entender que no puede haber personas sanas en un planeta inhabitable. Es necesario encontrar lugares que trasciendan el concepto de solastalgia (que no es más que la ansiedad, la depresión y la desesperación generada por la pérdida de los ecosistemas preciados) y que se nos permita reencontrarnos con esa naturaleza primigenia que tanto nos ha impulsado como especie.
El termalismo como práctica y como estilo de vida siempre ha estado llamando a preservar los ecosistemas, a mantener una relación armónica con la naturaleza, en donde siempre se combinan sus tratamientos, las experiencias que allí se viven con los postulados que tienden a estar en contacto con lo vivo, bien sea por las modalidades terapéuticas que allí se brindan y ante todo por los agentes utilizados como elementos sanadores tales como el agua mineromedicinal, los gases, los peloides, el clima, el aire puro y ante todo las sensaciones que brinda el estar inmersos en el entorno natural.
Como bien mencionaban en la Expo mundial de Hannover en Alemania en el inicio de este problemático siglo XXI: “a través de los siglos han sido los sueños, las utopías, las visiones y las ideas los que han determinado nuestra realidad actual y lo continuarán haciéndolo en el futuro.” (6). Se requiere entonces retornar a las utopías, retomar visiones del pasado para construir un futuro en donde la materialización de conceptos como el de las Villas Termales, reconozca su papel como centros colectivos en donde son reales las posibilidades de interactuar de una manera sostenible con el medio ambiente y sus recursos finitos. Un ideal que debe esparcirse por todo nuestro planeta como un ejemplo de comunión entre la ciencia, el arte, la política y las creencias de una humanidad cada vez más agobiada ante el futuro sombrío que se avecina. Los manantiales termales ocupan un puesto preponderante como indicadores de salud planetaria.
Llega el momento de retomar nuevamente las palabras de Philipp Blom: “Sería maravilloso tener un segundo planeta, un punto de observación ideal para la tierra, donde el Homo sapiens, víctima de su propio éxito en el curso de la evolución ocupase el lugar central de un experimento histórico cuyo fracaso también podría significar su final […] Pero hasta ahora no se ha descubierto ese segundo planeta.”3 Tenemos que alzar nuestra voz. El termalismo y las ideas en las que se sustenta, tienen mucho que aportar en la construcción de un planeta más sostenible y equitativo. El futuro es ahora.

Referencias

  1. Ceballos G, Erlich PR, Barnosky D, García A, Pringle RM, Palmer TM. Accelerated modern human-induced species losses: Entering the sixth mass extinction. Sci Adv. 1(5):e1400253. doi: 10.1126/ sciadv.1400253.
  2. Ceballos G, Erlich PR, Dirzo R. Biological annihilation via the ongoing sixth mass extinction signaled by vertebrate population losses and declines. Proc Natl Acad Sci USA. 2017 Jul 25; 114(30): E6089-E6096. doi: 10.1073/pnas.1704949114.
  3. Blom P. Lo que está en juego. Madrid: Anagrama; 2021.
  4. Horton R, Beaglehole R, Bonita R, Raeburn J, McKee M, Wall S. From public to planetary health: a manifesto. Lancet 2014; 383: 847.
  5. Prescott SL, Logan AC, Katz DL. Preventive medicine for person, place, and planet: Revisiting the concept of High-level wellness in the planetary health paradigm. Int J Environ Res Public Health 2019;16: pii: E238. DOI: https://doi.org/10.1016/j.pbj.2016.11.0
  6. Expo2000 Hannover. El libro Expo. Munich: Hannover GmbH. 2000.p.231.

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